Disminuir el riesgo de apoplejía

¿Qué es una apoplejía?

Una apoplejía (o accidente vascular cerebral) es la lesión que sufre una porción del cerebro debido a la interrupción de su riego sanguíneo, y causa pérdida de la función en la parte del cuerpo que es controlada por esa porción dañada. Sólo una de cada tres personas que sufren una apoplejía se recupera por completo, otra sufre una discapacidad permanente, y otra muere.

Las apoplejías son raras antes de los 60 años, pero después de esa edad aumenta frecuencia. El riesgo de una apoplejía es mayor en las personas que tienen familiares que las han sufrido. Usted no puede evitar envejecer ni cambiar sus antecedentes familiares, pero su estilo de vida puede afectar la mayor parte de los demás factores de riesgo de apoplejía.

¿Qué es un ataque isquémico transitorio?

"Isquémico" significa riego sanguíneo insuficiente, y "transitorio" significa temporal, pasajero. Un ataque isquémico transitorio es una "miniapoplejía" debida a una escasez temporal de sangre en el cerebro, que causa síntomas de una apoplejía leve, como trastornos del habla, del movimiento, de la sensibilidad o de la vista. Esos síntomas pueden durar sólo unos cuantos minutos, o hasta 24 horas.

Se considera que un ataque que dura más de 24 horas ya es una apoplejía. De un cuarto a un tercio de las personas que presentan ataques isquémicos transitorios sufren una apoplejía en los cinco años siguientes, y las apoplejías se pueden repetir si no se suprimen las causas subyacentes.

¿Cuáles son los síntomas de una apoplejía?

Los síntomas pueden incluir:

  • dolor de cabeza intenso, mareo, confusión, pérdida de la conciencia, coma, muerte
  • dificultad o pérdida del habla, dificultad para comprender lo que se le dice
  • debilidad, parálisis o insensibilidad en un lado de la cara, un brazo o una pierna
  • trastornos de la vista
  • pérdida de control de la vejiga o del intestino.

¿Qué trastornos médicos aumentan el riesgo de apoplejía?

La presión arterial alta (hipertensión) aumenta la tensión de las paredes de las arterias y el riesgo de apoplejía. Si usted tiene alta la presión, coméntelo con su médico, el cual puede disminuírsela por medio de cambios en la dieta, control del peso, ejercicio físico, técnicas de relajación y disminución del estrés. Es posible que también necesite medicamentos. Hasta hace poco, se creía que sólo el aumento de la presión sistólica (el mayor de los dos números con que se expresa la presión arterial) era un factor de riesgo de apoplejía, pero ahora se sabe que también es importante controlar la presión diastólica (el número menor).

El estrechamiento de las arterias por la aterosclerosis y el aumento del colesterol en la sangre (hipercolesterolemia) también se pueden tratar con una dieta baja en grasas y colesterol y, si es necesario, con medicamentos que disminuyen la concentración de colesterol en la sangre. Los trastornos cardiacos pueden ser tanto causa como consecuencia de la formación de coágulos sanguíneos, pero existen medicamentos que disminuyen la coagulabilidad de la sangre. La diabetes de tipo 2 (la que se inicia en la edad adulta) se puede controlar con dieta y, si es necesario, con medicamentos.

¿Qué hábitos de vida aumentan el riesgo de apoplejía?

La falta de ejercicio (una vida sedentaria) aumenta el riesgo de apoplejía. El hacer ejercicio con regularidad reduce el riesgo porque disminuye tanto la presión arterial como la concentración de colesterol, ayuda a controlar el peso corporal y mejora la circulación sanguínea. Tanto el fumar como el consumo excesivo de alcohol aumentan el riesgo de apoplejía, y abandonar esos hábitos lo disminuyen.

El exceso de peso corporal somete al corazón a un mayor esfuerzo, es una causa importante de diabetes del adulto y aumenta tanto la presión arterial como el colesterol. El ejercicio físico y una dieta baja en grasas invierten esos procesos.

¿Cómo me puedo proteger de una apoplejía?

Si usted ya ha tenido un ataque isquémico transitorio o una apoplejía, siga las recomendaciones de su médico para evitar que se repitan.

  • Vigile su presión arterial y su concentración de colesterol. Si están altas, consulte a su médico.
  • Hágase revisiones médicas periódicamente, y siga las recomendaciones de su médico sobre su salud.
  • Si tiene exceso de peso, consulte a su médico para controlarlo.
  • Cambie a una dieta baja en grasas y en colesterol.
  • Haga ejercicio regularmente. Ande por lo menos un kilómetro y medio todos los días.
  • El esparcimiento es importante para disminuir el estrés. Goce de la vida, relájese más y trate de limitar el estrés.
  • Deje de fumar. Si necesita ayuda, dígaselo a su médico.
  • Si toma dos o más bebidas alcohólicas al día, disminuya a una o ninguna.

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